La Tour d’Argent. Un espacio de altura a la altura de la ciudad más elegante del mundo.

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¿Una cena romántica con vistas al Sena y a Notre Dame? Si, por favor!!

La primera vez que escuché hablar de La Tour d’Argent yo era muy joven, tenia 23 años y aún recuerdo el tono de voz de mi sibarita ex cuñado, deleitándonos a toda la familia con las exquisiteces de la alta cocina francesa. Fue entonces cuando me dije a mi misma que algún día acabaría cenando en lo alto de esa torre.

 

 

Y como sucede en las películas, los sueños a veces se hacen realidad. En el número 17 de Quai de la Tournelle de Paris, estaba yo hace unos días, esperando en un elegante hall a que un uniformado ascensorista me llamara para acompañarme hasta lo alto de la torre donde se encuentra el afamado restaurante parisino.

 

 

La Tour d’Argent es un restaurante imprescindible de Paris, que reivindica datar del año 1582 y se dice que era muy frecuentado por Enrique IV.  Galardonado con una estrella Michelín, su cocina destaca por una fineza en la elaboración, sabores marcados y una notable regularidad en la confección de los platos. El pato, especialmente el pato prensado, es su especialidad «Canard à la presse», «Caneton à la presse», «Caneton Tour d’Argent». Su refinado comedor cuenta con unas espectaculares vistas al rio Sena y a la Catedral de Notre Dame.

 

Antes de que me trajeran la carta no pude evitar hacerme una fotografía en el comedor mientras observaba las maravillosas vistas y porque no decirlo, también al resto de los comensales.

 

Como no soy demasiado aficionada al pato pese a ser la especialidad de la casa, escogí el menú «Imagination de Philippe en Cinq services»

 

En cada una de sus mesas se encuentra la figurita decorativa de un pato como símbolo de la casa, realizada en cristal de murano. Todas ellas son diferentes.

 

Los platos se suceden uno detrás de otro vertiginosamente, a cual más sofisticado y exquisito, mientras el camarero encargado de tu mesa, te va explicando en inglés o en francés la elaboración del mismo.

 

 

 

Al caer la noche se encienden las velas, dejando paso a una atmósfera más cálida y repleta de romanticismo con la ciudad del amor como testigo tras los ventanales.

 

¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

 

Feliz dia,

Judith

 

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